Si nunca te has hecho una limpieza facial, es normal tener dudas: cuánto dura, si molesta, si podrás maquillarte después. Te contamos cómo la planteamos en BRÉMIA para que llegues tranquila.
1. Una breve conversación
Antes de empezar hablamos de tu piel: cómo la notas, qué productos usas y si tienes alguna sensibilidad o alergia conocida. Si sigues un tratamiento dermatológico, es importante que nos lo digas.
2. Desmaquillado y limpieza
Retiramos maquillaje e impurezas superficiales con productos suaves. Si procede, aplicamos una exfoliación delicada.
3. Mascarilla y masaje
Elegimos una mascarilla según cómo esté tu piel ese día y aprovechamos para un masaje facial suave. Es el momento más relajante de la sesión.
4. Hidratación final
Terminamos con hidratación y, si lo deseas, te damos un par de consejos sencillos para casa. Nada de rutinas imposibles de diez pasos.
¿Y después?
Es habitual salir con la piel algo sonrosada durante un rato, que desaparece pronto. Si puedes, deja el maquillaje para más tarde. Y si algo te molesta durante la sesión, dínoslo: paramos o adaptamos lo que haga falta.
Una limpieza facial estética es un cuidado, no un tratamiento médico. Si tienes acné intenso, rosácea u otra afección, la valoración corresponde a tu dermatólogo.


