En Galicia el invierno no siempre es especialmente frío, pero sí largo, húmedo y ventoso. Pasamos del orvallo de la calle al aire seco de la calefacción varias veces al día, y la piel lo nota: tirantez, rojeces puntuales o una sensación de cansancio que no se va con un buen descanso.
Limpieza suave, también en invierno
Con el frío apetece menos cuidar la rutina, pero la limpieza sigue siendo la base. Elige un limpiador suave, sin arrastrar ni frotar en exceso, y aclara con agua templada: el agua muy caliente reconforta, pero tiende a resecar.
Hidratación adaptada a la estación
Muchas personas cambian a una crema algo más nutritiva en los meses fríos. No hace falta llenar el armario de productos: basta con observar cómo responde tu piel y ajustar la textura. Si una crema te deja sensación de pesadez o brillos, quizá no es la adecuada.
Protección, aunque no haya sol
Los días grises también tienen luz. Mantener un protector solar en la rutina de mañana es un gesto sencillo que muchas personas abandonan en invierno.
No te olvides de labios y manos
Son las zonas más expuestas al viento. Un bálsamo labial y una crema de manos en el bolso marcan la diferencia en el día a día.
Un rato para ti
Un ritual facial en cabina no sustituye la rutina de casa, pero puede ser una buena forma de parar, revisar cómo está tu piel y salir con ideas claras. En BRÉMIA empezamos siempre preguntando cómo la notas tú.


